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jueves, 26 de enero de 2012

El culto a los muertos en Roma

Los romanos no colocaban las tumbas en un lugar tranquilo y solitario, sino a orillas de las calzadas a la salida de las ciudades, donde los transeúntes podían contemplarlas y admirarlas. Era muy importante proporcionar al difunto una tumba o un sepulcro, donde su espíritu pudiera tener una morada.
Hay una tumba que tiene una inscripción: "Veo y contemplo a todo el que va y viene de la ciudad”.
Si el muerto era inhumado, sus objetos personales eran enterrados con él; si era incinerado, se quemaban también con él.
Un escritor griego llamado Luciano cuenta de una mujer que se presentaba como fantasma ante su marido, reclamando por una sandalia que se encontraba debajo de un cofre.
Se pensaba que los espíritus de los muertos tenían hambre y sed y había que proporcionarles bebida y comida.
Para ayudarles a olvidarse de la infelicidad de estar muertos, sus tumbas se adornaban frecuentemente de flores o eran rodeadas de jardincillos, costumbre que ha perdurado hasta nuestros días.
En los cementerios de las grandes ciudades, solía haber un horno crematorio que facilitaba las tareas de la incineración. Cuando las llamas se extinguían, las brasas eran apagadas con vino, y los huesos que quedaban se recogían, se untaban con ungüentos perfumados.
Lemures era como los romanos denominaban a los fantasmas de los muertos. Durante las noches de los días 9, 11 y 13 de mayo, salían de sus tumbas y vagaban por las casas hostigando con rencor a los familiares vivos.
A columbarium es un lugar para el almacenaje respetuoso y generalmente público de urnas que sostienen los restos incinerado de un difunto. (Foto)

1 comentario:

Mikel Iribar López dijo...

Me reketexufla tu pagina, es la mejor que e bisto nunca, bebé. Un bss!!!!!